E
pensamiento y a vida
Nietzsche reprocha a menudo a
conocimiento su pretensión de oponerse a a vida, de medir y de juzgar a vida,
de considerarse a sí mismo como fin. a inversión
socrática ya aparece bajo esta forma en e Origen de a tragedia. Y
Nietzsche no se cansará de decir: e conocimiento, simpe medio subordinado a a
vida, ha acabado por erigirse en juez en instancia 16316g623q suprema[xxvi]. Pero debemos vaorar a importancia de
estos textos: a oposición entre e conocimiento y a vida, a operación por a que
e conocimiento se hace juez de a vida, son síntomas y sóo síntomas. E conocimiento
se opone a a vida, pero porque expresa una vida que contradice a vida, una vida
reactiva que haa en e propio conocimiento un medio de conservar y de hacer
triunfar su tipo. (Así e conocimiento da a a vida eyes que a separan de o que
puede, e evitan actuar y e prohíben actuar, manteniéndoa en e estrecho marco de
as reacciones científicamente observabes: casi como e anima en un parque
zooógico. Pero este conocimiento que mide, imita y modea a vida, ha sido
construido totamente sobre e modeo de una vida reactiva, en os ímites de una
vida reactiva). No será pues motivo de asombro e que otros textos de Nietzsche
sean más compejos, no ateniéndose a os síntomas y penetrando en a
interpretación. Entonces Nietzsche reprocha a conocimiento, no ya e tomarse
como fin sino e hacer de pensamiento un simpe medio a servicio de a vida.
Nietzsche ega a reprochar a Sócrates, no ya e haber puesto a vida a servicio de
conocimiento, sino a contrario, haber puesto e pensamiento a servicio de a
vida. «En Sócrates e pensamiento sirve a a vida, mientras que en todos os
fiósofos anteriores era a vida a que servía a pensamiento»[xxvii]. No haaremos ninguna contradicción entre
estas dos cases de textos, si precedentemente somos sensibes a os diferentes
matices de a paabra vida: cuando Sócrates pone a vida a servicio de
conocimiento, hay que entender a toda a vida que, a partir de ahí, se convierte
en reactiva; pero cuando pone e pensamiento a servicio de a vida hay que
entender esta vida reactiva en particuar, que se convierte en e modeo de toda a
vida y de mismo pensamiento. Y aún se verán menos contradicciones entre as dos
cases de textos si se es sensibe a a diferencia entre «conocimiento» y
«pensamiento» (Una vez más, ¿no se trata de un tema kantiano profundamente
transformado, vueto contra Kant?)
Cuando e conocimiento se
hace egisador, e pensamiento es e gran sometido. E conocimiento es e mismo
pensamiento, pero e pensamiento sometido a a razón como a todo o que se expresa
en a razón. E instinto de conocimiento es pues e pensamiento, pero e
pensamiento en su reación con as fuerzas reactivas que se apoderan de é o o
conquistan. Ya que son os mismos ímites que e conocimiento raciona fija a a
vida, pero también que a vida razonabe fija a pensamiento; a vida está sometida
a conocimiento a mismo tiempo que e pensamiento está sometido a a vida. De
cuaquier forma a razón tan pronto nos disuade como nos prohíbe franquear
ciertos ímites: porque es inúti (e conocimiento está ahí para prever), porque
sería mao (a vida está ahí para ser virtuosa), porque es imposibe (no hay nada
que ver, ni que pensar tras o verdadero)[xxviii].
Pero entonces a crítica, concebida como crítica de propio conocimiento, ¿no
expresa nuevas fuerzas capaces de dar otro sentido a pensamiento? Un
pensamiento que fuese hasta e fina de o que puede a vida, un pensamiento que
evase a a vida hasta e fina de o que puede. En ugar de un conocimiento que se
opone a a vida, estabecer un pensamiento que afirmaría a vida. a vida sería a fuerza activa de pensamiento, pero e
pensamiento e poder afirmativo de a vida. Ambos irían en e mismo sentido,
arrastrándose uno a otro y barriendo os ímites, paso a paso, en e esfuerzo de
una creación inaudita. Pensar significaría: descubrir, inventar nuevas
posibiidades de vida. «Hay vidas cuyas dificutades rozan e prodigio; son as
vidas de os pensadores. Y hay que prestar atención a o que nos cuentan a este
respecto, porque se descubren posibiidades de vida, cuyo único reato nos
proporciona aegría y fuerza, y esparce uz sobre a vida de sus sucesores. Aí se
encierra tanta invención, refexión, osadía, desespero y desesperanza como en os
viajes de exporación de os grandes, navegantes; y, a decir verdad, son también
viajes de exporación por os dominios más aejados y peigrosos de a vida. o que tienen estas vidas de sorprendente es que dos
instintos enemigos, que hacen fuerza en sentidos diversos, parecen estar
obigados a caminar bajo e mismo yugo: e instinto que tiende a conocimiento se
ve obigado incesantemente a abandonar e terreno en e que e hombre suee vivir y
a anzarse hacia o incierto, y e instinto que quiere a vida se ve obigado a
buscar eternamente a ciegas un nuevo ugar en e que estabecerse»[xxix]. En otras paabras: a vida supera os
ímites que e fija e conocimiento, pero e pensamiento supera os ímites que e
fija a vida, E pensamiento deja de ser una ratio, a vida deja de ser una
reacción. E pensador afirma así a hermosa afinidad entre e pensamiento y a
vida: a vida haciendo de pensamiento ago activo, e pensamiento haciendo de a
vida ago afirmativo. Esta genera afinidad, en Nietzsche, no sóo aparece como e
secreto presocrático por exceencia, sino también como a esencia de arte.